EDGARDO MALASPINA EN LA CASA DE ANDRÉS ELOY BLANCO EN CUMANÁ

EDGARDO MALASPINA EN LA CASA DE ANDRÉS ELOY BLANCO EN CUMANÁ

lunes, 11 de abril de 2016

EN CUMANÁ (2008)

EN CUMANÁ
(2008)
1

Partimos hacia Cumaná a las cinco de la mañana para asistir a los XXIX Juegos Deportivos Médicos. Viajo con el doctor Alexis Castrillo. A las siete estamos en Altagracia de Orituco y desayunamos. Nos detenemos en  Mochima para almorzar. El lugar es bello, junto al mar, y adornado con una enorme, y aparentemente, muy vieja ancla.
  Ya en Cumaná nos hospedamos en el hotel Nueva Toledo. No pudimos asistir al desfile inaugural por lo tarde que llegamos a la ciudad.

2
 
    No son las seis y todo está muy claro. Camino hasta el Colegio de Médicos. Desde el hotel hasta allá no son más de veinte minutos. Sopla la brisa, fresca y olorosa a mar.
 Nos corresponde jugar ajedrez con Nueva Esparta. Mi contendor es el Dr. Carlos Anes de Margarita. Dice que su apellido sólo se encuentra en la isla. Él empieza ganando, pero me recupero y tomo la delantera. Terminamos haciendo tablas.  Creo que pude haber ganado, pero el ajedrez es como la vida misma: una cacería de oportunidades que muchas veces pasan delante de nosotros sin que las notemos. Aprendí una lección: en el ajedrez es mejor ir lento, porque la batalla es de paciencia. Mi error fue intentar ganar por la vía rápida.
3
  A propósito del ajedrez leo que murió Fischer en Reykiavik, perseguido por el gobierno norteamericano. Murió atormentado y leyendo en una librería que le recordaba a su preferida en la infancia en Nueva York. Los libros fueron su paño de lágrimas.
4
  Voy al centro de la ciudad. Los museos no trabajan. Visito el castillo de San Antonio de la Eminencia. Diego, un sociólogo desempleado, me informa que él forma parte de una asociación de amigos del castillo. Su trabajo es voluntario. El castillo fue construido en el siglo XVII para enfrentar los ataques de los piratas. Tiene forma de estrella de cuatro puntas que indican los puntos cardinales.  Desde el  castillo se observa la isla de Margarita, en la lejanía. El guía dice que el castillo estuvo más cerca del mar, pero que éste se ha ido retirando. “Mi abuelo fue testigo del último retiro de las aguas en 1929”, afirma con orgullo. El guía me muestra los bloques con los cuales construyeron el castillo. Habla de calicantos, corales, etc. Llegamos hasta los cañones oxidados y que fueron capturados a los piratas. Veo una prensa para hacer tabacos o puros. Era labor realizada por los soldados para aliviar su situación económica. Más allá los grillos o cadenas con bolas pesadas; la “prisión del olvido”. Allí el preso era lanzado a una muerte segura: la tal prisión, sin ventanas, era tan baja, que un hombre debe estar siempre agachado.

  Veo el cuartucho donde estuvo detenido José Antonio Páez por razones políticas en 1849. Páez se encontraba en el exilio y regresó para tratar de derrocar a José Tadeo Monagas. Los amigos le habían prometido dinero, hombres y armas para la restauración. Lo dejaron solo y se rindió. Lo llevaron a Valencia sobre un caballo castaño. Cubría su cabeza con un sombrero de hule amarillo, y su cuerpo con una cobija azul. El gobernador de Valencia lo encerró en un calabozo con pesados grillos. Lo trasladaron a Caracas. Ezequiel Zamora dirigió el traslado. Ramón Hernández dice que “en el trayecto congregaron gente para que gritara ¡Muera Páez!, que el general de los hombres libres mandaba a sus reclutas a repetir”.
Le hicieron peticiones a Monagas para que liberara al Centauro, pero lo envió al castillo de San Antonio de la Eminencia. Los amigos lo visitaban y las mujeres querían verlo por la ventana del calabozo.
Páez se enfermó de los pulmones. El calabozo no permitía la entrada de aire. La gente protestó y lo enviaron al hospital militar. Monagas lo expulsó del país en 1850, y Páez  se embarcó hacia Saint Thomas. Al salir del castillo de San Antonio de la Eminencia una multitud lo aplaudió por largo rato. Pienso en estos hechos mientras contemplo la celda lúgubre y fría con unos grillos sobre unos bloques.



5
  Parto a la iglesia de Santa Inés. Al lado están las ruinas del castillo de Santa María de la Cabeza, construido entre 1669 y 1673. Camino por la calle Sucre.  La casa natal de Andrés Eloy Blanco está cerrada. Al lado está la residencia del gobernador, y al frente las ruinas de la gobernación construida en 1930 e incendiada en  1998.
En la tarde voy a la playa San Luis, muy cerca del hotel. Llego a las tres y tanto. Pido pescado y me traen corocoro. Leo la biografía de Andrés Eloy Blanco. Oscurece mientras leo y no tengo tiempo de echarme un baño.
6
  Camino con el Dr. Navis Márquez por la avenida Universidad de Oriente. Juego ajedrez con el representante de Aragua. Hacemos  tablas. Voy a la casa de José Ramos Sucre. El solariego lar de José Antonio Ramos Sucre, considerado el iniciador de la modernidad literaria venezolana, es una casona amplia. Allí se siente la presencia del bardo trágico de  giros deslumbrantes, hermosos y misteriosos. Allí están sus enseres, sus libros, fuentes de historias, mitos y leyendas que poblaron su maravilloso mundo poético. Visito la casa natal de Andrés Eloy Blanco con el escritorio hecho  por el propio vate, el consultorio médico de su padre y los viejos tomos en la biblioteca (“ ¡Mi casona oriental! Aquella casa/con claustros coloniales, portón y enredaderas/ “), todo celosamente cuidado por el amable guía; y el patio  donde crece,  un descendiente en quinta generación del “gran parral que daba todo el año uvas más dulces que la miel de abejas”.  Y entonces recordé a mi maestra de primaria, Dalila de Arbeláez , cuando me enseñó a recitar los versos de La Hija de Jairo: “y Ella se alzó, delgada de martirio,/ y una voz le subió por la garganta/ como una abeja que abandona un lirio”.

7
   En la mañana hago una caminata hasta la playa. Juego ajedrez y gano. Recorro la ciudad. Al lado del teatro Luis Mariano Rivera una placa nos dice que allí una vez vivió Don Andrés Bello;  otra nos informa que   en 1820 se realizó la primera cesárea en América ; otra más nos muestra la impronta de Humboldt ; y una plaza con el busto de Vargas es la señal de la estancia del sabio médico .Pero el verdadero banquete literario lo representa la visita a la última morada de Cruz Salmerón Acosta en Manicuare, a donde nos dirigimos en una pequeña embarcación o Tapaito ,para contemplar el mismo mar que le inspiro su inmortal soneto Azul y oír al guía , José Pereda, habla del bardo y sus sufrimientos .Tantos amargos momentos hacen que se encierre en esa humilde casa. Una casita de apenas dos cuartos: un dormitorio y un baño con tina para tratarse la lepra con sales y yerbas.  C. S no quiere que su novia comparta su destino, no permite que lo visite y sólo la contacta a través de cartas. Alcanza un estado de sublimación freudiana y se dedica intensamente a la producción poética. La renuncia al amor de la novia constituye un inmenso dolor y la describe: “como una adolescente rubia, de candor angélico y voz con dulce suavidad de arrullo y alegría de gorjeo, y con unos incomparables ojos azules y tristes como el azul doliente de un país en exilio”. El azul del cielo, el azul de mar, el azul de los ojos de la novia  crean la atmósfera que impregna el mencionado poema.
  Regreso. De Manicuare hasta Araya hay sólo 15 minutos en auto. El camino, de rocas , cujies y cactus es agradable por el aire seco del mar. Contemplo la laguna de donde se extrae la sal. Visito las ruinas del castillo de Santiago del Arroyo de Araya. Fue construido por los españoles en el siglo XV para que los piratas no se robaran la sal. Me siento en el restaurant Araya Mar para almorzar y contemplar las olas.
8
  Llego hasta donde se supone estuvo la casa donde nació el general Sucre. Pero no hay ningún monumento porque el sitio no ha sido precisado. El Museo de Gran Mariscal de Ayacucho es amplio. Allí está su partida de nacimiento y algunas pertenencias de su esposa. Ceno en la playa mientras leo la biografía de Andrés Eloy Blanco.
9
  Me despierto a las tres de la madrugada. Continúo la lectura de la biografía de AEB. Por la ventana penetra la  brisa marina y el ruido de las olas. A las seis camino hasta la playa. Unos pescadores laboran desde una pequeña embarcación. Lanzan la red y recogen muchos peces. En la playa hay muchos perros que no dejan de ladrar nunca.
 Me dirijo al Museo del Mar. Se nos atraviesa un entierro. El silencio es sepulcral, en correspondencia con el momento. El taxista dice: “Es de gente decente”. Luego nos encontramos con otro cortejo fúnebre. La gente acompaña al difunto con música y aguardiente. El taxista habla nuevamente: “Es de malandros”.
  En el museo hay varias colecciones de fósiles y esqueletos de ballenas y otros animales marinos. La atracción principal es el  celacanto, un pez fósil que vivió hace 400 millones de años.











EN EL CASTILLO SAN ANTONIO DE LA EMINENCIA


domingo, 3 de abril de 2016

EN EL CASTILLO SAN ANTONIO DE LA EMINENCIA (2008)

EN EL CASTILLO SAN ANTONIO DE LA EMINENCIA
Edgardo Malaspina
En Cumaná visito el castillo de San Antonio de la Eminencia. Diego, un sociólogo desempleado, me informa que él forma parte de una asociación de amigos del castillo. Su trabajo es voluntario. El castillo fue construido en el siglo XVII para enfrentar los ataques de los piratas. Tiene forma de estrella de cuatro puntas que indican los puntos cardinales. Desde el  castillo se observa la isla de Margarita, en la lejanía. El guía dice que el castillo estuvo más cerca del mar, pero que éste se ha ido retirando. ”Mi abuelo fue testigo del último retiro de las aguas en 1929”, afirma con orgullo.


 El guía me muestra los bloques con los cuales construyeron el castillo. Habla de calicantos, corales, etc. Llegamos hasta los cañones oxidados y que fueron capturados a los piratas. Veo una prensa para hacer tabacos o puros. Era labor realizada por los soldados para aliviar su situación económica. Más allá los grillos o cadenas con bolas pesadas; la “prisión del olvido”. Allí el preso era lanzado a una muerte segura: la tal prisión, sin ventanas, era tan baja, que un hombre debe estar siempre agachado.
  Veo el cuartucho donde estuvo detenido José Antonio Páez por razones políticas en 1849. Páez se encontraba en el exilio y regresó para tratar de derrocar a José Tadeo Monagas. Los amigos le habían prometido dinero, hombres y armas para la restauración. Lo dejaron solo y se rindió. Lo llevaron a Valencia sobre un caballo castaño. Cubría su cabeza con un sombrero de hule amarillo, y su cuerpo con una cobija azul. El gobernador de Valencia lo encerró en un calabozo con pesados grillos. Lo trasladaron a Caracas. Ezequiel Zamora dirigió el traslado. Ramón Hernández dice que “en el trayecto congregaron gente para que gritara ¡Muera Páez!, que el general de los hombres libres mandaba a sus reclutas a repetir”.

Le hicieron peticiones a Monagas para que liberara al Centauro, pero lo envió al castillo de San Antonio de la Eminencia. Los amigos lo visitaban y las mujeres querían verlo por la ventana del calabozo.






Páez se enfermó de los pulmones. El calabozo no permitía la entrada de aire. La gente protestó y lo enviaron al hospital militar. Monagas lo expulsó del país en 1850, y Páez  se embarcó hacia Saint Thomas. Al salir del castillo de San Antonio de la Eminencia una multitud lo aplaudió por largo rato. Pienso en estos hechos mientras contemplo la celda lúgubre y fría con unos grillos sobre unos bloques.



viernes, 1 de abril de 2016

EN LA CASA BELLO

EN LA CASA BELLO
(2008)
Edgardo Malaspina
 
1
  En Caracas me encuentro a Sael Ibáñez, Director de la Revista Cultural, quien   me invita a la Casa Bello. Hablamos de su obra, tanto en prosa como en verso. Le digo que tiene una obsesión por la lluvia. Es cierto, dice. Alguien habla de “Por quién doblan las campanas” y recuerda que Hemigway se inspiró en un poema.

2
   Hablamos de los libros que hemos leído últimamente. Me refiero a Bartleby el escribiente de Herman Melvilla Es un relato triste. Tal vez se trate del estado de ánimo que embarga a un desempleado. Bartleby se niega a trabajar de copista , que es su  nuevo trabajo. Es botado pero se queda en el sitio de labor. El dueño de la oficina se muda, pero B se niega a abandonarla. Interviene la policía. B no come y muere. Luego se explica que había sido despedido de la Oficina de Cartas Muertas (cartas que nunca llegaron a su destino y son destruidas). Una frase me llama la atención:
-Las horas más frías y más sabias son las de la mañana.
3

Volvemos al tema de la obra de Sael y recitamos  su poema “La noche” , porque me parece filosófico:

 La noche  proclama
su nombradía
en el silencio
de la progenie
Se toca, se puede tocar
la doblez del universo
minucioso equilibrio
de luz y sombra.
Espacio-tiempo
de sentimientos que piensan
equívoca templanza
puerta que permite entrar
“a la ciudad de las ideas”.
Se puede estar detenido en medio
del infinito en la noche frugal
si la interrupción del mundo
siempre atento
no vuelve deleznable lo que
es justa ley
aspira rozar el ámbito de
la Divinidad.
La atención toma asiento
en el lugar donde confluyen
los recorridos
para deslindar, para verificar
ganancias y parabienes.
4

     Una vez le preguntaron al pintor Vigas si creía en Dios. Inmediatamente contestó:

 -De día no, de noche sí creo.

   Y es que la noche es portadora de la paradoja que consiste en que aun durmiendo acompañados estamos solos. Entonces en ese reino de sueños e ilimitada imaginación  la  conciencia hace sus balances.
5
Como estamos en la Casa Bello hablamos también de nuestro héroe civil más prominente. Recuerdo que leí el libro de Rafael Caldera sobre don Andrés Bello, considerada una de las mejores biografías del mismo. No olvido ese libro por la forma sencilla pero a la vez profunda y reflexiva de la escritura del joven Caldera (apenas tenía 19 años cuando la escribió). Caldera habla del Bello humanista, filósofo, filólogo, pedagogo e historiador.
6
Me despido de Sael Ibañez y compró el periódico. Leo el primer párrafo que se cruza con mi vista:

-La monogamia no existe en la naturaleza. Hasta los cisnes son infieles. Las parejas de animales tienen hijos de otros hasta en un 70 %.. Eso fue comprobado con investigaciones de ADN. Hay un gusano platelminto, el diplozoom paradoxum, que vive en las branquias de los peces de agua dulce que es muy fiel. La hembra y el macho fusionan sus cuerpos hasta la muerte. El profesor de sicología de la Universidad de Washington en Seattle, David Barash afirma: “Los infantes tiene su infancia y los adultos, el adulterio”.







sábado, 26 de marzo de 2016

EN EL PANTEÓN NACIONAL (2008)

EN EL PANTEÓN NACIONAL
(2008)
Edgardo Malaspina
1

Viajo a Caracas y leo un pensamiento de Sthephen King:“Sólo los libros de la biblioteca hablan con tal elocuencia muda de la influencia que las buenas historias ejercen sobre nosotros, de la permanencia inalterable y silenciosa de las buenas historias frente a la naturaleza efímera de los pobres mortales”.  Miro por la ventanilla del bus y regreso la mirada al periódico. En una nota literaria se habla de la vejez:   “La vejez no es una lucha. La vejez es una masacre. Sólo hay una receta contra el envejecimiento: aceptar las pérdidas y sacar el mayor provecho de lo que nos queda”. (Philip Roth en la novela Everyman)
2
  Estoy sentado en la plaza del Panteón Nacional. Espero que abran las puertas del Perro y la Rana. El presidente, profesor Miguel Márquez, me invitó para revisar mi Manual de Historia de la Medicina. Pero los vigilantes me dicen que no trabajarán porque les cortaron el servicio de electricidad. Es decir, en ese recinto de poetas y escritores no hay luz; y  eso me recuerda un poema que leí hace años. Más o menos dice:

Yo soy el hombre
amo de las tinieblas y la luz
pero la luz a  veces me la cortan .

No recuerdo la continuación; pero si  le cortan la luz lo dejan en tinieblas.
3

  Le dejo el libro a Márquez con los porteros y me dirijo al Panteón Nacional para echarle una mirada a la lista de médicos participantes en la guerra de independencia  que acompaña a  Vargas en su tumba.
4
Juan Domingo del Sacramento de Infante construyó, en más de 36 años, lo que hoy conocemos como el Panteón Nacional. Era pardo y por eso le negaron la entrada en la Orden de los Hermanos Trinitarios. No se permitió hacer actividad religiosa, ni pedir limosna, ni vestir el hábito. Se sublimó e hizo su gran obra espiritual: la iglesia de la Santísima Trinidad, la cual inició en 1744 y fue  consagrada como tal en 1783.JDS murió en 1870 y fue enterrado en el altar mayor de la iglesia.
 Bolívar a los tres meses de haber nacido fue presentado en la esa iglesia y ocho años más tarde tomó su Primera Comunión.
    El terremoto de 1812 destruyó casi toda la estructura del templo. Bolívar visitó sus ruinas en 1827.En 1875  la iglesia de la Santísima Trinidad de Caracas fue transformada en Panteón Nacional por decreto de Antonio Guzmán Blanco, y en 1876 los restos de Bolívar fueron colocados allí. Los lienzos del techo los hizo Tito Salas y reflejan parte de la historia del país.
5
Medito ante la tumba del Libertador. Voy a la de   José María Vargas. Desde el inicio de la lucha por la Independencia  (1811) hasta su logro con la Batalla de Carabobo(1821) participaron del bando patriota ciento diez médicos (se cuentan los criollos y los extranjeros). Busqué las lápidas de  Francisco Lazo Martí (único guariqueño), Luis Razetti ,Rafael Rangel y Francisco Antonio Risquez.
5
 Me llamó la atención un hecho insólito: en la hoja que muestran a los visitantes dice sobre el cenotafio de Andrés Bello que se trata del “gran humorista de América”. Hablo con cronista o encargado de las visitas  del Panteón y le sugiero que es un gran error porque en realidad debe decir “gran humanista”.
 ¡Andrés Bello humorista!. No recuerdo donde leí que Don Simón Rodríguez aseguraba que Andrés Bello nunca se reía, y si lo hacía era sólo para celebrar una de sus anécdotas (las de Rodríguez, por supuesto, quien si tenía chispa de humorista, aunque cáustico).

6
Salgo y continuó con mis lecturas. Me encuentro con dos frases que parecen tener relación:
 “Ser neutral es una irresponsabilidad y una cobardía. En el complejo momento que vivimos, debemos involucrarnos como ciudadanos”(César Miguel Rondón)

“El poeta y el escritor no pueden negarse al compromiso (político), pero tampoco deben andar detrás de él”
(Jorge Edgard)









sábado, 19 de marzo de 2016

EN BARINAS (2008)

EN BARINAS
(2008)
Edgardo Malaspina

1
Viajamos a Barinas al Encuentro Nacional de la Red de Escritores de Venezuela. Salvador Lara, Ángel Puerta y yo partimos en un carro expreso. Juan Toro, un profesor jubilado, es el chofer, quien además ameniza la velada con unos videos del Conde del Guacharo y el Tarugo de la Caimana. Muy vulgar el tal Tarugo.
  En 8 horas llegamos y nos alojamos en el hotel Las Ferias, ubicado, según me parece en la periferia.
 Después de la cena nos reunimos en la Casa de la Cultura. Allí, entre petroglifos indígenas, el acontecer político es el plato fuerte. Algunos escritores pronuncian encendidos discursos a favor de la revolución.
2
Un poeta recita sus versos:

Yo no leo periódicos golpistas 
yo leo Vea.
Yo no veo programas de televisión golpistas
yo veo la Hojilla.

¡Tierno, tierno, muy tierno!   
   
 Luego un escritor   habla de defender el proceso con acciones; vamos a la plaza    a gritar  nuestras consignas, insta. Dice estas cosas y las sigue con una retahíla de improperios que dejarían pálido al propio Tarugo de la Caimana.
 Leen un manifiesto contra Uribe, pero los apoyos son tibios. Tan tibios que uno de los participantes vociferó:  ¿qué pasa camaradas, donde están esas manos alzadas?
3
 El Dr. Pedro Pablo Linares me obsequia su libro sobre los guerrilleros  desaparecidos en los años sesenta. Es un trabajo de arqueología forense serio. Como  médico me le pongo a la orden. Las discusiones terminan con una velada poética. En la madrugada en los pasillos del hotel retumba una proclama de algún bardo pasado de tragos:
¡Viva la poesía, coño nojoda!

4
      Estamos en el Teatro Orlando Araujo, cerca de la plaza Zamora. El Dr. Julio Silva me regala su libro  “Francisco Lo Russo: un ángel de María Lionza”. Es una obra sobre el culto a la reina indígena en las montañas de Sorte. Francisco estudió con él, y ahora se gana la vida brujeando. Es un hombre muy exitoso, dice Silva. Yo le comentó que me  interesa saber más sobre  la creencia en María Lionza, por cuanto como médico atendí pacientes que afirmaban haber sido  “operados por la reina”. Julio acaba de terminar un libro de entrevistas con José León Tapia. Me dice que el médico y escritor  barinés presentía su muerte. Estaba por cumplir ochenta años y se preparaba para celebrarlos por todo lo alto. Murió después de pasar consulta. Sí, a su edad todavía pasaba consulta esa gloria de la medicina y de la literatura.
5
     La poetisa Amanda Reverón me entrega su poemario “de otros diluvios”. Lo reviso rápidamente y constato su buena calidad. Hago una lectura   de exploración. . Me gusta la poesía gnómica, breve,  con ilimitado horizonte de interpretaciones. El poeta hace grandes esfuerzos y concentra un caudal de ideas en pocas palabras; es un ejercicio difícil donde se pone a prueba la capacidad para resumir.
  Los  poemas de Amanda son  voluptuosos. Le digo que ese estilo sólo lo he visto en Safo, y ella se ríe. Veamos:

Naufragio I

Para naufragar
sólo me bastan tus manos.

Naufragio V
Desnuda
breve palabra
que te precede…

Naufragio VII

Un  espacio
un milímetro
de tu cuerpo
que me salve
que me lleve hasta la orilla.

Nostalgia IV

Si pudieras
venir esta noche
y treparte por mi cuerpo
cabalgar más   allá de mi soledad
detener el tiempo
cósmico
para encontrarte con mis nostalgias
si tu aguacero amaneciera
junto a mis letargos en plena madrugada.

Creo (fragmento)
Creo
En lo sublime del tacto.

6

 Regresamos. Hablamos de Santa Inés, cerca de Barinas. Algunos historiadores afirman que no fue una batalla, sino una trampa. Pero en todo caso guerra es guerra y lo importante es ganar. Además no se puede negar que Zamora hizo una planificación del combate muy minuciosa con recursos de ingeniería y estrategias y tácticas dignas de un militar de genio.
 Salvador recuerda a Anselmo López y su bandola ; el profesor Juan dice que Barinas tiene grandes reservas de chiguire;  Ángel recita estrofas de Florentino y el Diablo, de Alberto Arvelo Torrealba; y yo leo Compañero de viaje de Orlado Araujo.
7
   Contemplo la belleza  del llano barinés. Pienso en Araujo y su Compañero de Viaje. Los cuentos son acuarelas locales con resonancia universal. La anécdota está en el centro de la narración para mostrarnos que la buena literatura no tiene fronteras.
8
Vamos ya por Cojedes. Toro nos muestra una valla curiosa: CURVA ARRECHA, SE MATA LA GENTE POR IMPRUDENTE.
  En el mundo de las palabras, a veces las más fuertes tienen mejores efectos. Los versos de Amanda cruzan por mi cabeza.




domingo, 13 de marzo de 2016

EN PUERTO ORDAZ (2007)

EN PUERTO ORDAZ
(2007)
Edgardo Malaspina
1

  Partimos de San Juan de los Morros rumbo a Maracay. Natalia, Nataly y yo viajamos a Puerto Ordaz. El bus llegó a las nueve y media a Maracay. A través de los llanos llegamos  a las tres de la madrugada a Santa María de Ipire. Entramos al santuario  del ánima del Taguapire, muy recordada por mi padre y por la tía Carolina, quien le encendía velas y le solicitaba favores.
2
Diego de Ordaz (España, 1480-Venezuela, 1532) fue uno de los conquistadores españoles más intrépidos (subió a un volcán  en plena erupción en México, por ejemplo),  Intervino en expediciones en Colombia, Panamá y México, antes de llegar a Venezuela. En Busca de El Dorado navegó por el Orinoco (fue el primer europeo en hacerlo, porque Cristóbal Colón y Vicente Yáñez Pinzón, no lo penetraron) y fue el primero en hablar  de la existencia de la Guayana, denominación que difundió. Cuando en 1952 el gobierno venezolano fundo una ciudad planificada a orillas del Orinoco, se le dio el nombre de Puerto Ordaz, en su honor.
 3
 
A  las nueve de la  mañana entramos al Terminal de Puerto Ordaz. Rafael Velásquez, un viejo amigo que conozco desde Moscú, nos espera. Nos alojamos en el Hotel Intercontinental, situado en el  Parque Cachamay. Descansamos un poco y luego salimos a reconocer la ciudad. Visitamos el Parque la Llovizna y el Ecomuseo . Fue una caminata muy larga.
4
Tendría cinco años cuando escuché a los mayores hablar de la tragedia de los maestros de escuela que observaban La Llovizna desde un puente colgante, que ahora ha sido remodelado totalmente. Hay paz en el sitio donde ayer hubo un espectáculo horrendo.
4
En la casa de Rafael hacemos una parrilla. Bebemos vino y cuando se acaba rematamos con cervezas. Hablamos mucho de Moscú. Rafael y yo viajamos juntos a Rusia en 1977. Él también estudiaba medicina, pero se enfermó y no pudo continuar sus estudios. Se casó con una ecuatoriana y regresó a Venezuela.

6
 Camino por el Parque Cachamay observando los ríos indómitos, infinitos y ruidosos. Un guardabosque me señala el sitio donde se encuentran el Orinoco y el Caroní. Entre los árboles los monos saltan y entretienen a la gente. Por riachuelos caminamos sobre peñascos. Las aguas cristalinas permiten ver nítidamente muchos peces de diferentes colores y tamaños.
 En la noche, junto a Rafael y su familia, asistimos Al Club Italo. En medio de una fiesta recibo el Premio Andrés Eloy Blanco de poesía: medalla y diploma. De vez en cuando salimos al patio del club, y bajo los árboles hablamos en una noche fresca y estrellada. Bebemos whisky y bailamos hasta el amanecer.
7
    Conversó con el Dr. Rafael Mucci Mendoza, quien es condecorado por la Federación Médica. Es todo un sabio de nuestra medicina. Habla pausado mientras se acaricia su barba blanca. En 1991 apareció en Cuba una “nueva enfermedad” que estaba dejando ciego a sus habitantes. La Organización Mundial de la Salud organizó la comisión en 1993 para investigar los hechos. Mucci Mendoza formó parte de la misma. Me explicó lo que ha dicho en muchas entrevistas sobre este sonado caso médico: “Ese es el momento en que yo voy a Cuba y encuentro que las autoridades y los médicos cubanos no sabían lo que estaba pasando y, además, confundían términos como neuritis óptica con neuropatía óptica. Las personas a las que tuvimos acceso para hablar del problema, entre quienes estaban el ministro de Salud y los viceministros, no tenían idea del problema. Habían inventado que la ceguera de los enfermos se debía a un virus, que habían bautizado como el Virus del Capitalismo y del que decían que había sido inoculado por los Estados Unidos. Nada más llegar a Cuba, la misión fue invitada a escuchar un discurso de Fidel Castro donde dijo que nosotros estábamos en presencia de una enfermedad nueva, nunca descrita… y resulta que esa enfermedad estaba minuciosamente documentada por su frecuencia en los campos de concentración, donde cundía por falta de alimentación. La ceguera cubana era producida por el hambre, falta de vitamina A. La ceguera atacó a 50 mil personas. Lo triste fue que no les importó exponer a la población a algo cuyo origen ignoraban, simplemente para ensañar a los cubanos contra los Estados Unidos.” (Entrevista con Milagros Socorro)
8
Conocí una experiencia lejana pero terriblemente similar a la del Dr. Mucci: algunos de nuestros muchachos que fueron a Cuba para cursar estudios superiores regresaron sin haber concluido sus cursos en un estado deplorable de su salud. El diagnóstico: anemia  por motivos alimentarios, por falta de proteínas, de carnes.
9

Vistamos una exposición de pinturas con cuadros originales de Botero. Luego vamos a un  centro comercial y compramos algunos recuerdos relacionados con la  artesanía local. A las cuatro y media de la tarde el bus inicia el regreso.